Un mundo llamado vida

Un grande como lo era Antonio Machado nos dejó en el recuerdo una célebre frase: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Esta misma metáfora nos la aplicamos desde el mismo momento en que desde niño empezamos a dar nuestros primeros pasos. También a medida que vamos transcurriendo  en el tiempo a través de los años que vamos cumpliendo. 

Según vamos avanzando en nuestro caminar vamos empezando a valorar todo aquello que vamos viviendo y compartiendo. Todo ello se va convirtiendo en nuestras primeras experiencias, según en la fase que nos encontremos.

Las fases de la vida 

En la primera de ellas empezamos a conocer las que son nuestras primeras amistades, que a la larga se convierten en los amigos de toda la vida. Pero lo que más nos quedará marcado es cuando tenemos nuestro primer amor, aquel que nunca se olvida.

Entrando tanto en la segunda como en la tercera fase, ya nos empieza a llegar el recuerdo de todo aquello vivido anteriormente. Aquí es cuando lo que entonces era una experiencia empieza a formar parte de nuestra veteranía.

Mirando en nuestro interior

Ante un simple reflejo nuestro sobre un espejo nos damos cuenta de que ahora, en la edad adulta, somos los maestros de aquel niño o niña que albergamos en nuestro interior.

A día de hoy todo aquel ser humano que hemos creado nos llena de felicidad. Al mismo tiempo la compartimos con mucha más gente de nuestro entorno,  ya sean familiares, amigos e incluso nuestras parejas.

Ese lugar lo hemos convertido en nuestro hogar, en un punto de partida de todos aquellos que vendrán y seguirán con nuestro camino que empezábamos hacer en nuestros inicios. Y ese es nuestro destino, o lo que es lo mismo, nuestro mundo. Un mundo llamado vida. 

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