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“Me voy a casa”: 25 años de autonomía asistida

Está a punto de acabar un 2025 en el que la Fundació Catalana Síndrome de Down (FCSD) ha celebrado una efeméride para enorgullecerse. Y esta no es otra que los 25 años del servicio de Vida Independiente, conocido como “Me voy a casa” de emancipación inclusiva.

Tras la creación del servicio Col·labora de inclusión laboral en el año 1996, era necesario dar un paso más allá para que las personas con síndrome de Down y otras situaciones de discapacidad intelectual alcanzaran una vida tan normalizada como fuera posible. En parte, el servicio nació para dar respuesta a la angustia histórica de muchas familias: “¿Qué será de nuestro hijo cuando no estemos?”. En el año 2000, la FCSD decidió que la respuesta no debía ser una residencia, sino el propio hogar.

El objetivo del servicio es el de guiar a las personas usuarias para que puedan vivir por sus propios medios. Pero sobre todo, el de ofrecer una alternativa digna a las residencias. Desde su creación, en el año 2000 hasta hoy, el servicio de Vida Independiente de la FCSD ha prestado apoyo a 350 usuarios y a sus familias.

Modelo “Born in USA”

El servicio de Vida Independiente de la FCSD es un modelo de autonomía asistida pionera en España. El germen del servicio radica en el hecho de que Katy Trias, directora de la FCSD, se encontró con que muchos usuarios de la entidad, a pesar de que se ganaban la vida laboralmente, no sabían qué querían hacer con ella. Ante este panorama, Trias viajó a los Estados Unidos (corría el año 1997) en busca de soluciones. Allí conoció a Jay Klein, creador de un programa llamado “Mi propio hogar”. A raíz de este encuentro, la máxima responsable de la FCSD adoptó la idea de Klein, pero adaptada a la realidad catalana.

Durante los primeros tres años, “Me voy a casa” estuvo coordinado por la propia Katy Trias hasta que en 2003 delegó en Pep Ruf este cargo, el cual ejerció hasta el 2017. A partir de entonces, Sergi Torrent y Catalina Ramón le tomaron el relevo, y desde 2024 Torrent gestiona el servicio en solitario, con el apoyo de dos técnicas, Cristina Martínez y Raquel Segura. Un equipo de integradores sociales se encarga de acompañar a las personas usuarias en aquellas tareas cotidianas que más les cuesta realizar.

Retos como una casa

A pesar de su voluntad integradora, el servicio se ha topado con el muro del mercado inmobiliario: el alto precio de los alquileres en Barcelona es el principal obstáculo para la autonomía real. Además, la falta de financiación pública impide, demasiado a menudo, cubrir todas las horas de apoyo que cada persona necesita según su situación.

Pero sin duda, el mayor reto al que se ha tenido que enfrentar el servicio de Vida Independiente es el que significó la pandemia de la Covid-19. El confinamiento decretado por el Gobierno en el año 2020 impidió que las personas inscritas en “Me voy a casa” pudieran recibir el apoyo necesario. Esta situación motivó que muchos de ellos optaran por volver al domicilio familiar.

Ya han pasado veinticinco años desde que la FCSD diera a luz el servicio “Me voy a casa”, en los cuales ha evolucionado para adaptarse a las necesidades de cada usuario y a la canviante realidad social, pero manteniendo el espíritu de emancipación inclusiva.

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