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Envejecimiento y discapacidad intelectual, combinación de riesgo

La vejez es una etapa de la vida a la que todos llegamos irremediablemente. Sin embargo, a las personas con el síndrome de Down y en situación de discapacidad intelectual hacerse mayor les comporta más riesgos que al resto de la población. En este contexto, Dincat difundió el pasado 1 de octubre un webinar para presentar el informe “Envejecimiento y discapacidad: retos, orientaciones y propuestas”. Maria Carbó Carrreté por la Universitat de Barcelona y Maria Pallissera Díaz por la Universitat de Girona son las autoras.

El trabajo pretende dar visibilidad a la realidad que viven las personas en situación de discapacidad una vez alcanzan la madurez vital y cómo les afecta. Ambas compartieron con los asistentes virtuales a la reunión telemática las conclusiones de su estudio, acompañados de unos gráficos explicativos.

Tres pilares argumentales clave

El informe elaborado por Carbó Carreté y Pallissera Díaz se sustentan en tres pilares argumentales clave:

  • Identificar la situación de las personas con discapacidad intelectual que se encuentran en la etapa de envejecimiento a partir de las publicaciones científicas tanto a nivel internacional (sobre todo en inglés) como nuestro contenido.
  • Identificar y clasificar de acuerdo con la investigación previa, buenas prácticas en cuanto a los sistemas de apoyo a diferentes niveles: políticas sociales, organizaciones y prácticas de apoyo.
  • Definir un catálogo de pautas, propuestas a desarrollar en Cataluña a nivel macro (políticas), meso (organizaciones) y micro (prácticas de apoyo) a partir de los objetivos anteriores.

Factores vitales

El documento también pone énfasis en diversos aspectos relativos a la calidad de vida de las personas en situación de discapacidad intelectual. Entre estas se encuentran las necesidades de salud. Hay que tener en cuenta que la población con el síndrome de Down no solo está condicionada a nivel psíquico (el Alzheimer se puede manifestar en la cuarentena de edad) sino también físico. El estreñimiento o la obesidad (mórbida en algunos casos) son rasgos característicos entre el colectivo, el cual no tiene acceso a medicamentos o a tratamientos específicos (la pandemia por la Covid-19 acentuó esta desigualdad).

Otro punto a destacar tiene que ver con el impacto en la vida laboral. Muchas personas con discapacidad intelectual llegan a un punto en que ya no pueden desarrollar las tareas inherentes a su puesto de trabajo a causa de un deterioro cognitivo se ven forzadas a una jubilación anticipada.

En lo que respecta a los modelos de vivienda, cabe que la población con discapacidad intelectual tiene dos opciones: vivir en una vivienda asistida por una persona de apoyo o ingresar en una residencia geriátrica. En cualquier caso, estos individuos se encuentran en una clara situación de indefensión.

El informe sirvió para poner de manifiesto que envejecimiento y discapacidad intelectual forman una combinación de riesgo. Pero también tiene que servir para dignificar la calidad de vida de las personas que han de convivir con estos dos condicionantes vitales.

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