Entre estanterías de madera y olor a tinta,
Miquel Porter i Moix hacía nacer libertades.
Su librería, pequeña y valiente,
fue refugio de intelectos y voces despiertas.
Entraban poetas y cantantes, escritores y soñadores:
Raimon, Lluís Llach, Pi de la Serra,
Maria del Mar Bonet, Joan Manuel Serrat…
Y también Carles Barral, Josep Maria Espinàs,
Manuel de Pedrolo, Joan Fuster, Maria Aurèlia Capmany,
Pilarín Bayés, Salvador Espriu, Pere Calders.
Y tantos otros que dejaban, en el silencio, el rastro de una idea.
En aquellos años de miedo y de censura,
la Librería Porter era un corazón encendido,
una trinchera hecha de versos y de esperanza,
donde cada libro abría una puerta a la luz.
De aquel pequeño local del Portal de l’Àngel
surgió una voz nueva y colectiva,
la canción que quería volver a decir “nosotros”.
La Nova Cançó (Nueva Canción) encontró allí su cuna,
y con ella, un pueblo aprendió a cantar de nuevo.
Hoy, el paso del tiempo ha borrado la fachada,
pero la memoria aún tiene llave y ventana.
Porque mientras alguien cante en catalán,
la Librería Porter
continuará abierta dentro.

