Titulars

El día que todo se apagó

El pasado 28 de abril, un apagón masivo dejó sin electricidad a toda España. Una caída repentina del suministro afectó durante horas a amplias zonas del país, incluida Barcelona, y también alcanzó partes de Portugal. No duró todo el día, pero sí lo suficiente como para que miles de personas viviéramos un momento inesperado de desconexión total.

En Barcelona, el corte sorprendió a muchos en plena calle. A mí me pilló volviendo del trabajo. Semáforos apagados, comercios a oscuras, el metro detenido. Algunos mirabansus móviles sin señal; otros se preguntaban si era cosa de su casa o de todo el barrio. En pocos minutos, la ciudad entera compartía una misma pregunta: ¿qué está pasando?

Solidaridad y ayuda

Pero entre la incertidumbre y la sorpresa, ocurrió algo que nadie esperaba: los vecinos y las vecinas empezaron a asomarse a los balcones, no solo para mirar, sino para hablar.

Una ciudad como Barcelona, que siempre corre, se detuvo. Y en esa pausa, muchas personas nos encontramos conversando sin pantallas de por medio, simplemente preguntando si todo iba bien o compartiendo alguna anécdota.

En algunos barrios incluso se organizaron para ayudar a dirigir el tráfico y apoyar a quien lo necesitara. Como también fallaron las telecomunicaciones —sin internet ni red móvil—, la radio se convirtió en la gran compañía del día, una voz amiga que llegaba donde nada más lo hacía. En casa estuvimos hasta las tantas escuchándola.

A pesar de la sorpresa y el caos inicial, la respuesta ciudadana fue ejemplar. La solidaridad se encendió allí donde faltó la luz. Fue una jornada que, aunque marcada por la oscuridad, iluminó algo muy valioso: la capacidad de la comunidad para unirse cuando más falta nos hace.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *