No iré hacia ti solo para darte un beso
y escucharte con tu voz cálida,
que me atrapa como si fuera una olla llena de humo.
No iré hacia ti solo porque me has llamado.
¿Por qué me dejaste ir?
Si sabías lo que siento yo por ti.
No entiendo por qué me he enganchado
a tu amabilidad engalanada vestido de blanco.
No iré hacia ti solo para ver tus labios;
que me calientan,
y me empapan.
Estoy loca por ti, aún.
Pero ya veo que no haces caso
a mi música borracha.
¿Para qué seguir hablando contigo,
si tu cuerpo no se altera como un roedor?
Ahora ya te digo adiós, y tal vez se me rompa el corazón.
Me pesa tanto el alma,
que me estoy volviendo como un pájaro herido
que ya no puede volar.
Ha sido mi muerte, el haberte conquistado.

