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Historias de Halloween: El legado del Conde Drácula

Mucho tiempo después de que los habitantes del pueblo de Transilvania acabaran con el ilustre Conde Drácula, un extraño telegrama llegó a manos de William Harrison. El destinatario, descendiente directo del conde —tataranieto de Vladimir, también conocido como el Príncipe de las Tinieblas— figuraba como heredero en el antiguo testamento familiar, recogiendo así el oscuro legado de su antepasado.

Al enterarse de lo sucedido años atrás, William no lo pensó dos veces: tomó el primer vuelo rumbo a Rumania. Allí lo esperaba el fiel mayordomo del castillo, quien lo recogió en el coche real y lo condujo hasta lo más alto del acantilado, justo frente a las imponentes puertas del siniestro castillo familiar.

Una vez dentro, William fue envuelto por una sensación de nostalgia y misterio, mientras avanzaba por los largos y oscuros pasillos que crujían bajo sus pies.

Al llegar a la antigua biblioteca familiar, se detuvo frente a una estantería que, al girarla con sus propias manos, reveló una escalera secreta. Cada paso sobre los peldaños de madera hacía retumbar el eco de la historia, guiándolo hacia el altar mayor, donde yacía el ataúd de roble macizo que guardaba el cuerpo de su tatarabuelo.

Sin perder tiempo, William realizó el antiguo ritual que había aprendido en vida por herencia familiar. El ambiente en las oscuras calles del pueblo cambió de inmediato: la paz fue perturbada y un escalofrío recorrió a los vecinos al escuchar, resonando en la noche, la risa maquiavélica y de ultratumba del Conde resucitado.

Ninguno de ellos pudo volver a conciliar el sueño, temerosos de que Drácula se colara por sus ventanas. No tardó en amanecer. Con los primeros rayos del sol, la espesa niebla desapareció y el hechizo se rompió de inmediato, obligando al Conde a regresar a su viejo ataúd.

Días después, William realizó los trámites necesarios para trasladar los restos de su tatarabuelo a uno de los tantos museos de historia en Washington D.C. Desde entonces, ha pasado mucho tiempo… pero aún hay quienes aseguran que el espíritu errante del Conde sigue deambulando por los pasillos del castillo, atormentando las noches de los que se atreven a acercarse demasiado.

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