Sintiendo desde el corazón
despertamos la serpiente del amor,
que te abraza,
que te obliga a llorar,
a cantar,
a sonreír como una niña pequeña
y a vivir un sueño lleno de gozo.
Las mejillas se te ponen rosadas
y es que vives la luz
de los pétalos de flor.
Sintiendo desde el corazón
te abrasa como una llama
en medio del fuego del cuerpo.
No sabes qué hacer
y lo único que te viene es gritar.
Es un dolor que te domina
y te quedas en la oscuridad.
Ya no obtienes besos,
ni caricias,
solamente te viene una tristeza
que te domina todo.
Los ojos,
los labios,
la mirada.
Ya no es fiesta.
Es el humo de la melancolía,
el sufrimiento,
la angustia
y el miedo.
Ya no puedes pensar en nada,
pues ha sido la chispa
del silencio de una serpiente
cuando se siente atacada.
Y este es el mal de todos
cuando perdemos a nuestro mellizo.

