Desde el más allá de la inmensidad del cielo,
me siento observado por un ser de luz angelical
que me va iluminando mi camino de la vida.
Todas las constelaciones celestiales se van uniendo
entre las estrellas del firmamento.
Un hermoso rostro de mujer se puede contemplar
en lo más alto del universo.
No podía ni imaginar lo que mis propios ojos
estaban presenciando en aquel preciso momento,
ni la más bonita aurora boreal se podría comparar.
Ni en mis mejores sueños podría tener una experiencia similar,
pues ante mí se me manifestaba el más bello ángel
en aquella noche estrellada.
Como la más suave brisa del viento
me llegaba el susurro de aquella voz que cuanto más la escuchaba,
más me enamoraba de ella.
Pues sin darme cuenta, ya me estaba envolviendo
entre aquella innata belleza,
me sentía estar adentrándome
en aquella intensa e intrigante mirada.
No tardaría en acabar fundiéndome
en aquel dulce y caliente chocolate
que transmitían aquella mirada transparente tan linda.
De aquella manera nos fusionamos entre ese ser tan bello y yo,
con el que surgió un amor blanco, puro y eterno,
y ante mí pude ver de cerca un ángel de bellos ojos marrones.

